jueves, 26 de junio de 2014

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¿Quién juega con las cartas dadas del revés, si no es el que quiere hacerlo todo más fácil? y la recompensa en ello es nula. El esfuerzo compensa, a la larga, y uno se acostumbra a ver lo rápido y sencillo como la puerta hacia un resultado mediocre. Que hay que cuidar las cosas al mínimo detalle, trabajar con cuidado, golpear con sutilidad, y así, acabarás formando la maquinaria más compleja y con el mecanismo más perfecto, que funcionará sin descanso. El preludio de los viajes, cargarse la mochila con todos los enseres personales, todo lo imprescindible y prepararse para despegar. Todo esto parece obvio, claro de comprender. Es una ley intrínseca que todos deberían respetar, y saber como funciona, aplicarla a todos los ámbitos y sobre todo, deberían dejarme en paz. 

Los hay perfeccionistas, los hay simplemente cuidadosos por la torpeza que les caracteriza. Sea como fuere... continúa con lo que estás pensando.
Aquí ya no tienes nada que leer.

viernes, 20 de junio de 2014

Limbhad.

Confiemos en que los sueños no nos traicionen una noche más, y que podamos descansar tranquilos al abrigo de las sábanas y del roce de los pies que juegan a hacerse un hueco entre el vacío que los tuyos dejaron en su lugar.
El calor inunda este lecho, que no necesita más cuerpos que reposen sobre él, son demasiadas todas las historias que ha cargado sobre su frágil esqueleto y ahora tiende a quebrarse si descubren una más. La puerta está cerrada, y prefiere hablar tras ella, por la mirilla, en constante alerta sin abrirla, por si de alguna manera, si dejase entrar a alguien volvería a perder la calma y el control sobre la llave que bloquea la cerradura.
Y siguen pasando de largo, una conversación tras otra, un compañero de juegos, durante 5 minutos, que se cansa de esperar y llamar y no obtener respuesta. Pero tiene miedo. Miedo de que se marchen sin avisar, sin siquiera cerrar, sin dar el beso de buenas noches. 

Y se quedó ahí, en medio de la soledad de su alfombra, imaginando todas las historias que allí fuera están ocurriendo, porque dentro todo es más seguro, y nada ya puede salir mal.

miércoles, 11 de junio de 2014

Orwell was here.

No voy a hablar de cosas que no comprendo aún, y tampoco voy a gastar estúpidos latidos por efímeros contactos que se a ciencia cierta que, ni son verdaderos ni son racionales.
Y ese fue el error, darle un sentido racional al mundo, dejarse llevar solo por horarios inconclusos, por estelas de un rancio olor a rutina, impuesta por los altos mandos del mismísimo Ministerio del Amor. Oh amigo, sufrí mucho en aquella ciudad, los ojos no paraban de mirarme, de observarme atentamente y esperar que hiciera lo que ellos querían.
Me sentí parte de un todo, de una comunidad, me sentí acogida, y por fin era igual a alguien. Pero caí en la cuenta de que eso no es lo que buscaba. Perdí la cuenta de las veces que dejé de vestirme con colores para ponerme el mono azul añil, solo por no desentonar. Solo para ser aceptada, en una ridícula esperanza de ser querida.
Pero no, el corazón no mira más allá de los ojos, y todos en este mundo están ciegos, o llevan gafas, cuyas lentes simplemente reflejan lo que los grandes magnates pretenden que veas. Y por mucho que me esforzase por tener algo especial, era renegada una y otra vez, si intentaba mostrar la luz que emanaba de mi, la felicidad que podía otorgar. Así que decidí subir la cremallera, asentir, y abrazar al enemigo.
Pasaron años, siglos, milenios, y yo seguía llorando cada vez que volvía al módulo de vivienda, donde aún esos ojos acusadores seguían vigilando. Ya no podía sentir mi propio ser ni si quiera en la más intima de mis ensoñaciones. Todo era por agradar al Gran Hermano. Todo era por él.
Como cada gobierno que se corrompe, las cosas empeoraron. Cada vez se me hacía más dificil sacrificar todo lo que amaba en un pasado lejano, mis fuerzas se iban debilitando, y de vez en cuando, un rayo de luz escapaba entre mis costillas. Error, fulminante error. Si él veía esa luz, acudía presto a clavarme, como si de palabras de desprecio se tratase, cada uno de los dardos cargados de aquel calmante, que otras muchas veces había servido de sedante. Pero que ya no funcionaba.
Decidí entonces que merecía un sacrificio. Que no quería seguir viviendo en un cuerpo que no era el mío, que iba a mandar al carajo a los ministerios y sus estúpidas normas, que quería ser yo.
Salí de mi edificio y me planté frente a las más grandes de las pantallas. Comencé a bajarme la cremallera de aquel inútil uniforme, saqué los brazos y las piernas, y permanecí, con una sonrisa plena, mientras notaba como las miradas se clavaban en cada parte de mi cuerpo, ahora desnudo, pero íntegramente mio.
Él me miró. No me reconocía, o mejor dicho, reconoció en mí aquella persona que consiguió cazar, y que intentó moldear a su gusto, hasta que quedé subyugada. Y no le gustó, rabió y mandó a toda la seguridad pertinente a por mi.
No dudaron ni un segundo en lo que tenían que hacer, la pistola eléctrica anuló mis sentidos. Notaba como me balanceaba entre los brazos de algún policía del pensamiento, o quizás eran los brazos de algún ángel que me rescataba de este infierno.
Sea como fuere, solo recuerdo unas horas de dolor, parecieron semanas, y poco a poco me fui haciendo inmune a ello.

Desperté en un lugar vacío, un lugar sereno y tranquilo, completamente sola. Un lugar perfecto para empezar de cero, un lugar perfecto para ser simplemente yo.