martes, 26 de septiembre de 2017

Remembering Sunday

No quiero rebuscar entre los cajones donde guardo mis cosas favoritas con el mayor cariño del mundo, para darme cuenta de que en realidad ya no siguen allí, que las tiré hace tiempo. Que en un momento dejaron de hacerme feliz, para comenzar a cortarme las manos y hacerme sangrar cada vez que intentaba sacarlas y jugar con ellas. 

Por eso, quiero seguir pensando que siguen ahí, amontonadas entre miles de pequeños recuerdos, lo que se supone que son detalles que guardarás para siempre porque son especiales. Una entrada de un concierto, un ticket de un regalo que hiciste, una servilleta del primer lugar que visitaste en aquella ciudad... Todo cosas que al final, de una manera u otra van a desaparecer, a deshacerse. Pero te gusta ver como envejecen, y duele sentir como antes te hicieron sentir tú, pero ya no te identificas con ello.

Y mientras miras hacia esa vela, justo encima del cajón que abres y ahora está vacío. La llama perdura, se mantiene en pie, quema, incluso si te quedas mucho tiempo mirándola, acaba molestando a la vista. Y sabes que no desprenderá su aroma más delicado hasta que no la apagues, pero ahí sigue.

Que al final acabarás por almacenar detalles, recuerdos pasados y promesas en un cajón sin fondo, donde nadie sabrá que están, y que nadie más que tu abrirá para recordarte que estás mejor por tu cuenta, pero que no sabes estar solo. 

viernes, 22 de septiembre de 2017

The Fog.

El silencio no solo es peligroso, si no que es mensajero de realidades que duelen. La ausencia de palabras dice mucho más que charlas inocuas sobre temas que de verdad ni te interesan.
Cuando ni siquiera te comunicas contigo mismo, cuando te mientes, cuando no quieres reconocer las verdades que te hacen sufrir (o no) día a día. Escúchate, o escucha al resto. Quizá puedas oír entre tanto silencio el gemido de dolor de lo que realmente está ocurriendo a tu alrededor. Pero párate y escucha.
También puede ser tu amigo, te deja pensar con claridad, poner las palabras en alto retumbando en tu cabeza, y que seas capaz de escribirlas y leerlas, y que te suenen a algo familiar. Que lo que estás diciendo es lo que estás pensando, lo que estás sintiendo y nada más allá.
Que el miedo esconde todas las cosas que no quieres escuchar, las tapa con ruido blanco, un ruido pesado, como una plomada de nubes espesas que no te dejan distinguir ni siquiera la silueta de nada a menos de un centímetro. Y te alejas.
Y las siluetas hacinadas detrás de la bruma se cansan de esperar a que consigas salir de ahí, se van diluyendo, en tonos grises y finalmente desaparecen.

Te encuentras al final, cuando las nubes han desaparecido, completamente solo.