Han sido muchos meses de frío los que han alentado al
invierno a seguir presente, a no marcharse. Pero ya está bien. Que el sol tiene
que despertar, y quedarse para siempre.
No tengo más remedio que pedir que me acompañes, porque me
lo pide mi cabeza, mi corazón y mis manos. Que quiero compartir miles de notas
y miles de suspiros de placer. No puedo
pararme a pensar en lo que vendrá más allá de la luz de la mañana.
Necesito estar esperando, impaciente, a que las melodías
arranquen sobre un escenario de algún descampado que ahora es el templo de
culto a todos los deseos de centenas de personas. Nos hemos dejado el cuerpo y
el alma, los esfuerzos de muchas semanas van a morir ahora. Estoy pisando un
suelo que tiembla con cada latido de las cuerdas, con cada golpe de ilusión y
con todos los gritos que las manos alzadas exhalan. No necesito compañía,
puedes dejarme flotar si quieres, pero es una oferta más que magnífica, porque
es la persona que quiero ser para la eternidad.
Es mucho más fuerte la conexión ahora que nunca. Es increíble la capacidad
de evasión que pueden otorgar un puñado de cables, amplificados al infinito.
Mátame de un gemido, de una súplica por otro encore. Cantidades infames de segundos deliciosamente disfrutados. Que
no acabe nunca. Que me acaricien para siempre. Que sea verano, otoño, invierno,
primavera. Que sea el calor de esa música el que me acompañe y no me deje
jamás. Que no encuentre el vacío, que siempre ocupe mis sonrisas, mis alientos,
mis lágrimas…el resto de mis días.