martes, 6 de marzo de 2018

Twins.

Se mira constantemente al espejo. Se mira detalladamente, se fija en cada pequeño detalle y siente que nunca será suficiente. Hay rincones bonitos, que luego resultan en vano porque solo ella los conoce. Se mira en conjunto, se intenta moderlar como una figura de arcilla, pero no, todo vuelve al inicio. Se viste acorde con las cosas que quiere esconder, siempre ha sido así y no lo va a cambiar. 
Un día se despierta con la sensación de que hay más que rincones bonitos en el reflejo que le devuelve el cristal, y sale de casa sintiendo que no solo ella se da cuenta de ese descubrimiento. Pero los reflejos involuntarios, autobuses, escaparates, puertas, miradas, le juegan una mala pasada y todo vuelve a caer en espiral.
Llega a casa, agotada, con la única intención de vaciarse e intentar reencontrarse. Echa de menos las fotos, las espaldas desnudas. Click, vuelve a la imagen y descubre una pesadilla más donde antes residía un pequeño porcentaje de belleza. 
Y piensa que ojalá se apagasen todas las luces y jamás volviesen a iluminarle. Que ojalá no hubiese descubierto ese punto, que nunca debió terminar de conocerse. Que es mejor olvidarse, romper espejos con las manos, y sacarse los cristales sangrando después.
Que al final todo se reduce a eso, las heridas de no sentirse como quieres ser.