Tan sólo es otro punto más de
inflexión dentro de una historia que no tiene ni principio ni final.
No tener miedo está sobrevalorado, las alas no se abren por arte de
magia, y mucho menos por voluntad propia.
Deja de pensar, deja de planear hasta
el más ínfimo segundo que va a componer el resto de tus días,
porque probablemente cometas el error de no llegar a disfrazarte de
aquello que tanto ansías, y no conseguirás más que decepcionarte.
Y tú, que ahora lees estas palabras
que son tan extrañas como la persona que las escribes, quiéreme,
quiérenos, date cuenta de que algo de valor tiene este complejo
compendio de huesos y entrañas. Que no solo sirve para marcarlo con
tinta, con sangre o con grietas que, por desgracia, sanarán de la
manera más cruel de todas, dejándote en evidencia.
No te fíes, te conocen como ellos
quieren. Te comportas como ellos predicen, pero puedes engañarles.
Puedes darles la razón, que se traguen tus palabras como una
medicación más, y eso les curará. Mientras, céntrate en jugar la
batalla que importa, no te distraigas, sé fuerte.
Qué importa ya el resto, no tienes que
rendir cuentas a nadie. Y menos aún cuando esas cuentas no
importaban si la persona que desaparecía poco a poco del mapa eras
tú.
Por favor, date tiempo, no caigas en
desdicha, no creas nada. Créalo todo. Déjate llevar y no te pierdas
por el camino.
Llora todo lo fuerte que puedas, hasta
que te seques, que no te queden más lágrimas que sacar con vasos
vacíos o los añicos de estos. Brinda con los pedazos, eres libre.
Vuela.
Look at the stars, look how they shine
for you.