sábado, 14 de septiembre de 2019

Hoy me han pasado por la cabeza tantas maneras distintas de acabar con mi vida, y todas a mano en mi casa, todas tan sencillas y tan cobardes, que he sentido miedo, he sentido vacío y sobre todo me he vuelto a sentir más sola que nunca.  
Ni si quiera me veo capaz de hacerlo, pero he fantaseado entre lágrimas y lluvia; las pastillas, el cúter, la terraza, la ventana, en la ducha o en la cama. Lo he planeado tantas veces, que podría hacerlo inmediatamente. Tengo las visiones tan vívidas que dan miedo, dan mucho miedo. 
Quiero salir de aquí, de esta pesadilla, quiero acabar y se que no es la manera ni el camino, que no me va a despertar, que detrás de la sangre, del ahogo, de un golpe o del un paro paulatino simplemente no queda nada. No hay luces nuevas ni fantasía ni empezar de cero, no hay nuevas oportunidades.
No es la solución, pero a veces, fantaseo con que es la única vía de escape, con rozarlo, con sentirlo. Que estar a las puertas te pone sobre aviso de que hay que despertar del letargo y vivir por ti mismo. Que las fuerzas que no has tenido antes las tienes que sacar ahora. Del roze nace el cariño, y el cariño deja marca, todos lo sabemos. 
Pero existen riesgos. El riesgo de cruzar la puerta y no poner freno. 
“Anímate, sonríe, estás más guapa”

martes, 4 de diciembre de 2018

Noviembre

Hace poco más de un año que me seguía sintiendo culpable por mirarme a través de otros ojos que no fueran los adecuados. Esos que exigían servicio pero nunca recompensa.
Hace poco más de un año que también me di cuenta de que quiero conocer todas y cada una de mis versiones, a través de todas y cada una de las pupilas que me cruce, que se queden, que se atrevan a desafiar el azul, o el verde, pero sobre todo el gris. Un instante o también horas eternas que parecen minutos.
Qué siga pasando el tiempo, pero que ese contacto no se pierda, que quiero seguir nutriéndome de todo lo que pase por vuestra cabeza, y tan solo saberlo o imaginarlo de un vistazo.
Que al final, todo se resume en como miras, y como te ves reflejado, tanto fuera como dentro de los demás.

martes, 6 de marzo de 2018

Twins.

Se mira constantemente al espejo. Se mira detalladamente, se fija en cada pequeño detalle y siente que nunca será suficiente. Hay rincones bonitos, que luego resultan en vano porque solo ella los conoce. Se mira en conjunto, se intenta moderlar como una figura de arcilla, pero no, todo vuelve al inicio. Se viste acorde con las cosas que quiere esconder, siempre ha sido así y no lo va a cambiar. 
Un día se despierta con la sensación de que hay más que rincones bonitos en el reflejo que le devuelve el cristal, y sale de casa sintiendo que no solo ella se da cuenta de ese descubrimiento. Pero los reflejos involuntarios, autobuses, escaparates, puertas, miradas, le juegan una mala pasada y todo vuelve a caer en espiral.
Llega a casa, agotada, con la única intención de vaciarse e intentar reencontrarse. Echa de menos las fotos, las espaldas desnudas. Click, vuelve a la imagen y descubre una pesadilla más donde antes residía un pequeño porcentaje de belleza. 
Y piensa que ojalá se apagasen todas las luces y jamás volviesen a iluminarle. Que ojalá no hubiese descubierto ese punto, que nunca debió terminar de conocerse. Que es mejor olvidarse, romper espejos con las manos, y sacarse los cristales sangrando después.
Que al final todo se reduce a eso, las heridas de no sentirse como quieres ser. 

sábado, 23 de diciembre de 2017

wheel

Click!
Ahora todo tiene sentido. Toda la oscuridad ha sido iluminada completamente por una serie de piezas que al final han ido encajando, y que hasta ahora, no has podido terminar de juntar. Ese puzle era un mapa que leído de manera correcta te llevaba al lugar que estabas buscando. Pero cuando no hay luz, y faltan datos, la imaginación y la lógica te juegan una mala pasada. La frustración y la rabia rompen con todo, abandonas, arrugas y escondes el mapa. 
Y después de todo el camino recorrido en una dirección completamente distinta, sorteando las dificultades de salir de la anterior ruta, encuentras aquello que faltaba para ilustrar ese esquema, ¿qué haces con ello?. Lo primero, sacas aquella caja donde guardas los detalles mas curiosos, y lo escondes con la idea de olvidarte el tiempo suficiente como para poder volver a verlo de otra manera más adelante. Pero no lo puedes guardar, porque ahora tienes esa herramienta, tienes el poder de desandar lo andado, o de escoger otro atajo y marchar otra vez de viaje. 
Intentas por segunda vez afrontarlo, quizá estudiar todos los detalles, planear cómo lo retomarías, cual es su fin. La X marcada en el papel está borrosa y desgastada, como si quisiera desaparecer. 
Paras, te sientas en mitad de la noche, y a la luz del fuego lo observas hasta que te duermes y en sueños, sigues con lo mismo entre tus manos.

viernes, 27 de octubre de 2017

SIX.

Que comience suave, o mejor de golpe, rompiendo la tensión y el silencio de instantes anteriores. Cuando las pupilas se centran en un punto fijo y ya no se pueden desviar. Y todo va fluyendo. Hay veces que eres consciente de cada centímetro de tu cuerpo, de tus movimientos, pero otras te pierdes en el ritmo, empiezas a flotar, cierras los ojos y todo da vueltas. Y los abres, te encuentras en la escena otra vez, con los pies en suelo firme y las manos vuelven a ser tuyas. Piensas, ¿cuánto tiempo he estado fuera de lugar? Las melodías vuelven a ser dulces, a ser ligeras casi como caricias. Observas cada detalle con suma delicadeza, recorres cada rincón con curiosidad, con ganas de absorberlo todo, de no perderte nada.
Poco a poco el pulso va siendo más fuerte, el ritmo más rápido y vuelves a despegarte del suelo. Y ya no estás, ya no piensas, solo sientes. Todas esas vibraciones son tuyas, está tu cuerpo y el todo a la vez. Cada vez más arriba, cada vez más alto, cada vez más incontrolable.

Y respiras, respiras hondo recuperando ese aliento, y tu ente vuelve a tu cuerpo. Lo sientes todo, cada cosquilleo de la yema de los dedos. Las caras vuelven a encontrarse, sonrisas de satisfacción y de volver a repetir.
3, 2, 1... 

domingo, 22 de octubre de 2017

Thousand faces.

Puede que sea demasiado temprano y que aún haya demasiada luz para ponerme a pensar. O puede que todo esté tan oscuro aquí dentro que me de igual la hora que sea en el resto del mundo. Pero no, no me da igual.
Es demasiado peso intentar estar a la altura de todas las expectativas, y más si tu mayor accionista eres tú mismo. Pero ¿a quién quiero engañar?, a mí no me importa, porque he perdido la confianza en que algún día consiga levantarme de la cama y pensar, ‘joder, si’.
Me importa lo que se mueve a mi alrededor. La aprobación del resto es como aire para respirar. Pero, ¿qué ocurre cuando al resto le importa bastante poco lo que sale de la línea de su espacio personal? Que todo se desmorona.
Necesito ser justa conmigo misma, con mi cabeza, con lo que siento y lo que pienso. Ser coherente día a día, y darme ese amor, esa ternura, ese cariño que no me he dado jamás porque lo guardaba por intentar que los demás estuviesen bien. Necesito ser egoísta, imaginarme que paso de todos y de todo y que hago lo que me apetece porque me apetece, sin más y sin menos.
Pero sigue la cadena, que tintinea recordándome que algo va mal en algún espacio del plano que conozco. Que hay algo que no está bien, que hay algo que no estoy haciendo bien. Que tendría que volver a sacrificar mi bienestar porque alguien esté contento conmigo.
Idealizo en mi mente el hecho de que me dé absolutamente igual estar a la altura o no estarlo, hacer las cosas que se esperan de mí o no. Pero toda esa idealización se va a la mierda.
La literalidad no es poética pero tampoco lo son las personas.

martes, 26 de septiembre de 2017

Remembering Sunday

No quiero rebuscar entre los cajones donde guardo mis cosas favoritas con el mayor cariño del mundo, para darme cuenta de que en realidad ya no siguen allí, que las tiré hace tiempo. Que en un momento dejaron de hacerme feliz, para comenzar a cortarme las manos y hacerme sangrar cada vez que intentaba sacarlas y jugar con ellas. 

Por eso, quiero seguir pensando que siguen ahí, amontonadas entre miles de pequeños recuerdos, lo que se supone que son detalles que guardarás para siempre porque son especiales. Una entrada de un concierto, un ticket de un regalo que hiciste, una servilleta del primer lugar que visitaste en aquella ciudad... Todo cosas que al final, de una manera u otra van a desaparecer, a deshacerse. Pero te gusta ver como envejecen, y duele sentir como antes te hicieron sentir tú, pero ya no te identificas con ello.

Y mientras miras hacia esa vela, justo encima del cajón que abres y ahora está vacío. La llama perdura, se mantiene en pie, quema, incluso si te quedas mucho tiempo mirándola, acaba molestando a la vista. Y sabes que no desprenderá su aroma más delicado hasta que no la apagues, pero ahí sigue.

Que al final acabarás por almacenar detalles, recuerdos pasados y promesas en un cajón sin fondo, donde nadie sabrá que están, y que nadie más que tu abrirá para recordarte que estás mejor por tu cuenta, pero que no sabes estar solo.