viernes, 27 de octubre de 2017

SIX.

Que comience suave, o mejor de golpe, rompiendo la tensión y el silencio de instantes anteriores. Cuando las pupilas se centran en un punto fijo y ya no se pueden desviar. Y todo va fluyendo. Hay veces que eres consciente de cada centímetro de tu cuerpo, de tus movimientos, pero otras te pierdes en el ritmo, empiezas a flotar, cierras los ojos y todo da vueltas. Y los abres, te encuentras en la escena otra vez, con los pies en suelo firme y las manos vuelven a ser tuyas. Piensas, ¿cuánto tiempo he estado fuera de lugar? Las melodías vuelven a ser dulces, a ser ligeras casi como caricias. Observas cada detalle con suma delicadeza, recorres cada rincón con curiosidad, con ganas de absorberlo todo, de no perderte nada.
Poco a poco el pulso va siendo más fuerte, el ritmo más rápido y vuelves a despegarte del suelo. Y ya no estás, ya no piensas, solo sientes. Todas esas vibraciones son tuyas, está tu cuerpo y el todo a la vez. Cada vez más arriba, cada vez más alto, cada vez más incontrolable.

Y respiras, respiras hondo recuperando ese aliento, y tu ente vuelve a tu cuerpo. Lo sientes todo, cada cosquilleo de la yema de los dedos. Las caras vuelven a encontrarse, sonrisas de satisfacción y de volver a repetir.
3, 2, 1... 

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