Hoy me han pasado por la cabeza tantas maneras distintas de acabar con mi vida, y todas a mano en mi casa, todas tan sencillas y tan cobardes, que he sentido miedo, he sentido vacío y sobre todo me he vuelto a sentir más sola que nunca.
Ni si quiera me veo capaz de hacerlo, pero he fantaseado entre lágrimas y lluvia; las pastillas, el cúter, la terraza, la ventana, en la ducha o en la cama. Lo he planeado tantas veces, que podría hacerlo inmediatamente. Tengo las visiones tan vívidas que dan miedo, dan mucho miedo.
Quiero salir de aquí, de esta pesadilla, quiero acabar y se que no es la manera ni el camino, que no me va a despertar, que detrás de la sangre, del ahogo, de un golpe o del un paro paulatino simplemente no queda nada. No hay luces nuevas ni fantasía ni empezar de cero, no hay nuevas oportunidades.
No es la solución, pero a veces, fantaseo con que es la única vía de escape, con rozarlo, con sentirlo. Que estar a las puertas te pone sobre aviso de que hay que despertar del letargo y vivir por ti mismo. Que las fuerzas que no has tenido antes las tienes que sacar ahora. Del roze nace el cariño, y el cariño deja marca, todos lo sabemos.
Pero existen riesgos. El riesgo de cruzar la puerta y no poner freno.
“Anímate, sonríe, estás más guapa”
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