El silencio no solo es peligroso, si no que es mensajero de realidades que duelen. La ausencia de palabras dice mucho más que charlas inocuas sobre temas que de verdad ni te interesan.
Cuando ni siquiera te comunicas contigo mismo, cuando te mientes, cuando no quieres reconocer las verdades que te hacen sufrir (o no) día a día. Escúchate, o escucha al resto. Quizá puedas oír entre tanto silencio el gemido de dolor de lo que realmente está ocurriendo a tu alrededor. Pero párate y escucha.
También puede ser tu amigo, te deja pensar con claridad, poner las palabras en alto retumbando en tu cabeza, y que seas capaz de escribirlas y leerlas, y que te suenen a algo familiar. Que lo que estás diciendo es lo que estás pensando, lo que estás sintiendo y nada más allá.
Que el miedo esconde todas las cosas que no quieres escuchar, las tapa con ruido blanco, un ruido pesado, como una plomada de nubes espesas que no te dejan distinguir ni siquiera la silueta de nada a menos de un centímetro. Y te alejas.
Y las siluetas hacinadas detrás de la bruma se cansan de esperar a que consigas salir de ahí, se van diluyendo, en tonos grises y finalmente desaparecen.
Te encuentras al final, cuando las nubes han desaparecido, completamente solo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario