Pero el tiempo pasa y las cosas cambian. Ves unas zapatillas en ese escaparate, preciosas, las más bonitas que has visto jamás, te dejas una pasta pero da igual, te las quieres poner cuanto antes. Llegas a casa, y disfrutas del momento de sacarlas de la caja, colocarle los cordones cuidadosamente a tu gusto y metes los pies en ellas. Te quedas un rato mirándolas, no te crees que puedas tener un par de zapatillas igual, que las vas a tener para siempre, que si se rompen las arreglarás mil veces y que te van a durar años y años. Te miras en el espejo, joder, quedan de lujo... Solo estás pensando en salir a la calle con ellas y que la gente te vea y piense en lo afortunado que te sientes llevándolas, teniéndolas, disfrutando de ellas...
Al principio roces, algunas heridas, pero con tiritas, vaselina y tiempo, aprendéis a amoldaros, a ser uno. Las llevas todos los días que puedes, pasarán contigo los mejores momentos, las mejores galas, los momentos especiales. Poco a poco, cuando más te acostumbras a ellas y ellas a tí, te las pones por inercia, porque ya no sabes llevar otras, te has acostumbrado y no hay otra manera de salir a la calle.
Empiezan a rajarse por los lados, pero es un poquito, nada más. Igual le pones un poco de pegamento, las coses y solucionado.
Pero empiezan a volverse más blandas, más transparentes. Saben cada rincón de tus dedos de los pies, se acomodan perfectamente a tu paso, y están hechas una porquería, desgastadas, casi es mejor andar descalzo. ''Tío tira esas zapatillas que dan asco''. Es el primer paso. Igual debería tirarlas ya. No, mejor las guardo, para conciertos, festivales y cosas de esas.
Y se quedan en el armario, esperando su oportunidad. Te vuelves a poner otras, menos usadas quizás, algunas que llevabas tiempo sin ponerte y que de repente resultan más cómodas, pero no tiras las anteriores, porque siguen siendo tus favoritas.
No te las pones, pero sabes que están ahí, para recordarte lo bonitas que fueron y lo bien que te quedaban. Pero no te las pones, no saldrías con ellas ni loco. Ni a conciertos, ni festivales ni esas cosas.
Están ahí y no las quieres tirar, te convences de que las necesitas, pero llevas meses sin usarlas. Y no las tiras. Lo único que hacen es ocupar espacio, y probablemente molestar allí donde están.
Pero son tus favoritas. Y no las tiras, aunque necesiten descansar.
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