domingo, 23 de noviembre de 2014

The fall.

Odio cuando me doy cuenta de que tienes el poder de hacerme sentir pequeña, insegura como nunca, invisible y despreciable. Todo al mismo tiempo, a toda velocidad y viajando por mi cabeza, mientras mi cuerpo pide que me acerque más y más buscando ese calor que tanto anhela.

Caricias despistadas, escondidas, anónimas. En  un momento, nuestras manos ya no nos pertenecen, y se posan en el otro con  fin de fundirse con su piel y no separarse ya jamás. Quiero mantener la calma, pero puede que mi pulso comience a delatarme en cualquier momento.

No existen ya centímetros ni barreras que me impidan sacar al campo y encajar el punto decisivo de este partido, que terminará en celebración, seguro. Pero el último movimiento, es el primero de todos.

Cállame, déjame que me quede con el resto de palabras sin sentido en la punta de la lengua, y arráncamelas con la tuya cuando empiece a perder el aliento.  Y posas tu mano en mi nuca, para que no me escape, tienes miedo de que todo esto no sea del todo real, y que en décimas de segundo, desaparezca.

Me retuerzo entonces, para encontrar un ángulo perfecto en el que poder jugar con tu cuello, tu clavícula, tu barbilla, tus labios, y muerdo.



Ya está, suspiras, eres mío. 

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