Hay mil maneras de expresarse, de decir lo que sientes, pero
quizá hay el triple de opciones de esconderlas y tirar como se pueda.
Se me hace difícil comprender qué es la confianza plena, qué
es eso de sentir que puedes contar con alguien al 100% sin poner trabas de por
medio, solo por temor al juicio y al castigo de después. Las interacciones
sociales son complicadas, y no todo el mundo está preparado para ello.
¿Cómo se mide la amistad?, ¿Cómo se mide el cariño o el
amor?. No se puede pretender contar con alguien cuando ni tu mismo cuentas con
tu espada cuando la batalla se acerca. Tienes que solucionar tus acertijos antes
de pasar a la siguiente prueba, y no es justo que cualquiera de los que se
encuentran expectantes a tu alrededor, se permitan el lujo de romper esa
burbuja que con tanto mimo has creado para moverte con cuidado por el camino
hacia ellos.
No hablo de espacio, no hablo de tiempo ni de un sentimiento
en concreto. Hablo de una persona en su completa integridad. No puedes obligar
a nadie a poner su mundo del revés, no puedes hacerle dudar de sus propias
convicciones, no puedes no ofrecerle respeto.
Quizá, desde un punto altruista rescatarás a esa persona
frágil, poco abierta y perdida en la sombra, sin darte cuenta de que con los
ojos cerrados esa persona puede recorrer medio mundo más allá de encontrarse en
la luz y cegarse para siempre.
Porque cuando alguien está roto, está intentando
recomponerse, lo último que necesita es que alguien entre de golpe y haga temblar
su universo. Imagina con qué facilidad se desprenden los pedacitos de un vaso
resquebrajado y con el pegamento aún húmedo, cuando lo mueves un mínimo. No
pretendas llenarlo de esperanzas, como si de agua se tratase, y beber de ello, porque
solo conseguirás tragarte con ello pedazos de cristal, y puede que tu no lo
sientas, pero estará aún más roto e incompleto para siempre.
La soledad, el aislamiento interior, la coraza que todos
llevamos a cuesta y con la que nos protegemos de los intentos violentos de
querer, es lo único que nos queda.
Nadie nunca te va a ayudar a ordenar tu caos, nunca nadie
como tú va a saber donde debe situarse cada una de las fotografías, de las
palabras y los recuerdos. Nunca nadie debe entrar en ese caos y hacer que te
pierdas. Para siempre.
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