jueves, 20 de febrero de 2014

Mein Kampf

Sigo siendo indefensa, imprevisible pero ante todo traidora.

Me niego a pensar en aquello que me hace daño, pero la oscuridad de la noche abre el escudo más grueso y alto jamás alzado. Y no puedo respirar, no puedo dejar de pensar que todo se va, se me escapa de las manos y vuelve con más fuerza de la que ha salido para clavarse en lo más hondo de mi pecho.
Estoy paralizada y ya no se ni siquiera gritar, no tengo aire, ni palabras, apenas me quedan lágrimas que puedan brotar de estos ojos que engañan al más sabio de todos los demonios. Pero son mis demonios y yo debo encerrarlos, no dejarlos salir. Debo impedir entonces que ataquen a lo que más quiero, aunque me queme por dentro. Liberarlos es una opción, deshacerme del nudo permamente en la boca del estómago, que al menos mantiene la sonrisa en mi cara, pero que impide que pase la luz a mi ser. Y estoy a oscuras.
Soy como una figurilla que refleja el sol en un dia despejado, llena de brillos, destellos y otras cosas hermosas, pero ese éxtasis en mi piel no consigue acabar con la coraza que cubre el más oscuro refugio en las entrañas. No puede romperse, nada puede salir.

Una vez más, esta es mi batalla, son mis ejércitos y solo yo debo luchar.


1 comentario:

  1. Los demonios internos deben ser comprendidos, no encerrados. Si los encierras te cogen manía y a la mínima te destrozan. Yo a los míos aprendí a escucharles y a tenerles en cuenta cuando hablan.

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